lunes, 4 de marzo de 2013


Extorsión
Juan Villoro

No es por presumir pero me estafaron. La frase merece aclaración. Durante décadas, mi padre nos inculcó que las propiedades hereditarias son inmerecidas y el dinero daña la conciencia. Por lo tanto, ser extorsionado representa una especie de purificación.

El ladrón que va a lo suyo no repara en las condiciones morales de la víctima; en cambio, el extorsionador aprovecha las debilidades éticas del género humano (sabe algo incómodo y pide dinero a cambio).

Pero hay un grado superior de la extorsión, que no explota los defectos que la gente trata de ocultar, sino su nobleza. Esas sanguijuelas sólo chupan buena sangre. Su abuso tiene como prerrequisito la vida virtuosa, o por lo menos ilusa, de los engañados.

Hace unos cinco años, mi padre habló entusiasmado para decir que unos maestros de Oaxaca querían ponerle mi nombre a la biblioteca de su escuela. Era gente humilde que enseñaba a leer en una sierra ignorada por el progreso.

La iniciativa me conmovió y puso en juego el más conspicuo atributo del escritor: la vanidad. ¿Cómo no ayudar a unos maestros tan especializados en el saber que habían descubierto que yo podía ser necesario?

Imaginé la biblioteca en la apartada montaña, los libros en los estantes, los ojos encendidos de los niños que los leerían.

Un hombre me habló al poco tiempo. Con la inconfundible entonación del campo mexicano mencionó el título de una novela mía, el trabajo que yo había hecho en La Jornada, el aprecio que le tenían a mi padre. Luego se refirió al pintor Francisco Toledo. Escuché el nombre con la misma reverencia con que él lo pronunciaba. El Maestro apoyaba su escuela.

Nos reunimos en un Sanborns para definir el proyecto. A la sesión asistieron unas cinco personas, todas de aspecto rural: rostros curtidos a la intemperie, zapatos lastimados por los breñales. Les entregué dos bolsas de libros, que recibieron sin mucho interés. Luego me hablaron de la fiesta. La biblioteca estaba lista pero había que inaugurarla. Tenían que matar varios borregos, comprar mezcal, pagar la música. “¿De qué sirve una biblioteca sin festejo?”, preguntaron. Supe que había caído en una trampa.

No llevaba dinero. Les pedí un teléfono para comunicarme con ellos. “No tenemos”, dijo uno; “es que somos muy pobres”, añadió otro, como un personaje de Rulfo. No dejaba de compadecer su situación ni de admirar su informada estrategia, pero me sentí estafado sin que eso fuera purificador.

Me llamaron varias veces hasta que decidí darles 2 mil pesos como un merecido impuesto a mi estupidez y mi vanidad. Todo romanticismo exagera las causas que lo suscitan. Lo grave del mío era que había necesitado de muy poco para suceder. En un país donde la relación más habitual es la desconfianza, había creído en la condición progresista y humanitaria del prójimo.

El magisterio tiene muchas formas de abusar de quienes lo apoyan. Lo que cuento no se compara en modo alguno con los delirantes excesos de la líder sindical vitalicia de la educación mexicana, Elba Esther Gordillo; sin embargo, muestra que las extorsiones hechas en nombre de la pedagogía han invadido los más variados rincones de la cotidianidad.

Los “maestros” siguieron “trabajando”. Hace poco me habló Héctor Manjarrez para decir que le querían poner su nombre a una biblioteca de Oaxaca. Lo contactaron a través de la revista Letras Libres y me mencionaron como aval. Héctor reaccionó con inteligencia: la causa le simpatizaba, pero le sonaba rara. Lo previne y cortó la comunicación con ellos.

Hace unos días la fotógrafa Paulina Lavista, viuda de Salvador Elizondo, fue víctima de la estratagema, ya refinada por años de experiencia. Los “maestros” de Oaxaca hablaron a una institución benemérita, el Fondo de Cultura Económica, y pidieron teléfonos de escritores. De nuevo mencionaron al más alto símbolo de la cultura y la filantropía oaxaqueñas: Francisco Toledo. El FCE preguntó a Paulina si podía dar su teléfono. Ella consintió con entusiasmo.

Recibió a un delegado en su casa, que le habló de las dificultades para comprar las bancas de la Biblioteca Salvador Elizondo. Todo lo demás estaba listo, sufragado por el esfuerzo de los campesinos. Conmovida, Paulina les entregó 4 mil pesos.

Luego se enteró de que había caído en una red que desde hace años especula con las buenas conciencias. Supo que Jorge F. Hernández, Anamari Gomís, Luis Jorge Boone, Alejandro Toledo y Luz Aurora Pimentel habían sido buscados para el mismo fin, y que el poeta Rubén Bonifaz Nuño fue asediado poco antes de morir.

La lista recabada por Paulina (que acaso sólo representa una pequeña muestra) rebasa el ámbito de las letras, pues incluye al doctor Leopoldo García-Colín, físico eminente fallecido en 2012.

Los casinos se inventaron para apostar sin mayor fundamento que la suerte. Más caprichosa, la vida exige motivos para sus apuestas. Los “maestros” de Oaxaca descubrieron que los escritores creen en causas tan poco realizables que son fáciles de manipular. Esa extorsión debe terminar en la misma medida en que las bibliotecas imaginarias deben existir.

* Ha obtenido el Premio Herralde por su novela El testigo, el Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán por su libro sobre futbol Dios es redondo, el Villaurrutia por su libro de cuentos La casa pierde y el Mazatlán por su libro de ensayos Efectos personales. Ha sido profesor en la UNAM, Yale University y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Entre sus libros para niños destaca El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica.

Publicado en Reforma

Nerón en Tepepan /
Juan E. Pardinas

“El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”. La máxima de Lord Acton se queda corta para retratar los excesos de la ex emperatriz magisterial. Hay algo mucho más corrosivo y corruptor que el poder: la impunidad. Sin contrapeso, ni sanción, su delirio tenía los mismos límites que su tarjeta de crédito en Neiman Marcus. La mujer más poderosa de México era también un símbolo de las regiones más descompuestas de nuestra vida pública: el Estado doblegado frente a los intereses particulares, el sistema de partidos subordinado ante el calendario electoral, el presupuesto público al servicio de caprichos privados. El nulo pudor de sus excesos era el ejemplo más sintomático de las enfermedades de la República.

En la Inglaterra de tiempos de Shakespeare, los actores varones tenían que cubrir los papeles de personajes femeninos. En el sindicato magisterial era una mujer la que cumplía el rol del veleidoso emperador Romano. Mientras Roma era consumida por las llamas, Nerón tocaba el arpa. Mientras los niños mexicanos obtenían los últimos lugares en las pruebas de desem- peño educativo de la OCDE, la señora se iba de shopping para saciar sus instintos de compradora compulsiva.

Desfigurada por el bisturí su propia vanidad, su rostro inspiraba el miedo de niños y adultos. A los infantes les asustaba su semblante y a los mayores les aterraba su agudo manejo del poder. Entre el conjunto de adultos que temblaban ante su nombre, se contaba a legisladores, gobernadores, secretarios de Estado y presidentes de la República. En esa nómina de corvas tambaleantes estaban abonados los principales encargados de gobernar a México.

Con el arresto de Nerón, el Estado mexicano le perdió el miedo a los poderes fácticos. La autoridad ha dejado de ser el payasito de los pastelazos. Esto ya es, por sí mismo, una buena noticia. ¿El episodio será una anécdota aislada del sexenio o una primera escala en una larga cruzada en contra de la impunidad? Cualquier respuesta es una mera especulación. Sin embargo, lo más destacable de la aprehensión del martes pasado no sólo es el hecho, sino también la forma. La PGR cuidó el debido proceso y la presunción de inocencia. No hubo fotos ni video para satisfacer los morbos audiovisuales. El caso Cassez sí tuvo sus moralejas útiles para el sistema de procuración de justicia. Durante dos sexenios, los gobiernos del PAN fueron ineptos en el ejercicio del poder y desdeñosos de los procedimientos que sustentan al Estado de derecho. Si en política la forma se transmuta en fondo, en la justicia el proceso es substancia.

En menos de tres meses, el presidente Peña Nieto ya dio una dramática nota de contraste con el pasado inmediato. Sin embargo, lo que vimos el martes tampoco tiene que ver con los usos y costumbres del viejo dinosaurio priista. Si en tiempos de Salinas de Gortari a La Quina le hubieran aplicado un debido proceso de justicia, el líder sindical de Pemex jamás hubiera pisado la cárcel. Si, en 1989, a La Quina lo hubieran acusado del asesinato de Álvaro Obregón y el robo del penacho de Moctezuma, algún juez habría encontrado méritos para declararlo culpable.

El derecho sin poder político apenas sirve como tema para un coloquio académico. El poder sin sustento en la ley es la llave del autoritarismo. El poder político y la fuerza del derecho sumaron sus potencias para ponerle un alto a la desmesura versallesca de Elba Esther Gordillo. Cuando Enrique Peña Nieto afirmó que nadie podía estar por encima de la ley, los hechos validaron sus dichos. Con lo que suceda o deje de suceder en el futuro sabremos si la validez de sus palabras también es aplicable para el resto de su gobierno.

Twitter: @jepardinas

Publicado en Reforma

La Maestra: poder, popularidad y justicia
Silvia Gómez Tagle

La Maestra ha dirigido desde 1989 el sindicato más grande de América Latina y desde que se perfiló la candidatura de Vicente Fox, poco antes del 2000, empezó a jugar en “las grandes ligas de la política”. Se independizó de su progenitor, Carlos Salinas de Gortari, y le jugó a la oposición. Mantuvo el control sobre la política educativa y posiciones de poder como la Lotería Nacional, además del manejo discrecional de alrededor de 165 millones de pesos mensuales de cuotas sindicales. Con apoyo del gobierno panista logró crear su propio partido político, llevando al punto más alto su autonomía frente a los otros partidos, con su propia bancada en el Poder Legislativo. Los gobiernos panistas evitaron la confrontación con una figura tan poderosa, y sobre todo Calderón aceptó la humillación que le infringió Gordillo cuando reconoció en público el apoyo que le dio en la elección de 2006, y fue incapaz de reaccionar.

Con el desprestigio de los gobiernos panistas, La Maestra pretendió negociar su apoyo político con el PRI, e inclusive con la izquierda, para las elecciones presidenciales de 2012. Cuando se rompió la alianza para la candidatura de Peña, con toda eficiencia ella demostró su capacidad para conseguir un candidato relativamente exitoso, que logró más de 4% de la votación nacional. Su historia de poder hasta ahí había sido ejemplar, de líder sindical pasó a ejercer el poder político directamente, con una representación en el Senado y 10 diputados federales.

Pero el desprestigio en la opinión pública pesa, sobre todo cuando un gobierno como el de Peña Nieto está dispuesto a ejercer el poder presidencial “al viejo estilo” pero con nuevas estrategias: lograr alianzas con las diversas fuerzas políticas en torno a causas populares y aceptadas por todos, izquierda y derecha. En este contexto la reforma educativa ha sido una causa idónea para fortalecer (o restaurar) una Presidencia fuertemente deteriorada en 12 años de panismo.

La Maestra hasta puede tener razón al oponerse a la reforma educativa en el punto que vulnera los intereses de los trabajadores: el término “permanencia” usado en el texto de la ley puede implicar que el gremio de los maestros pierda algunos de sus derechos, algunos legítimos como la seguridad en el empleo, otros de dudosa procedencia como el derecho a “heredar, vender o alquilar” la plaza de maestro, o el monopolio de los egresados de escuelas normales sobre las plazas. Tampoco se ha cuestionado qué parte de la responsabilidad de este sistema de corrupción sindical corresponde al Ejecutivo y a los titulares de la SEP, dado que los favores políticos fueron la moneda de cambio que utilizó Gordillo cuando motivó la salida de Josefina Vázquez Mota de la SEP.

El encarcelamiento de La Maestra fue bien planeado por la PGR y hasta ahora exitoso, pero responde a la lógica del poder y no de la justicia. Oponerse a la reforma educativa es confrontarse con el Estado, representado por la Presidencia y la amplia mayoría del Congreso; y su encarcelamiento ha sido una decisión muy popular, porque a lo largo de los años y de exhibir su riqueza y su impunidad, Gordillo ha logrado convertirse en símbolo de corrupción e impunidad.

EPN fortalece su presidencia con este gran golpe político, gana popularidad y advierte a sus enemigos hasta dónde puede llegar una confrontación con su gobierno; será difícil que otros líderes sindicales o empresariales se opongan a las reformas energética, fiscal o de medios sin antes valorar las consecuencias. Pero es necesario analizar con cuidado los métodos y las estrategias para el ejercicio del poder de la actual presidencia, porque lo que queda muy claro en este caso es que la aplicación de la ley y la justicia no es lo que más importa, y quizás la deuda más importante de nuestro sistema político con la democracia es precisamente eso: la impunidad y el uso discrecional de la procuración y la impartición de la justicia.

Publicado en El Universal

Adiós, Elba
OTTO GRANADOS
Desde que empezó a aparecer en La Razón (y antes en otro diario también dirigido por Pablo Hiriart), esta columna se dedica muy frecuentemente a los asuntos educativos. Y el 18 de mayo de 2011 aquí se publicó lo siguiente:

“Quienquiera que sea el Presidente de México a partir de 2012, tendrá que decapitar a la maestra Gordillo. Los motivos no son menores: unos tienen que ver con la política pública;otros con la concentración de poder; algunos más atenderán a circunstancias prácticas de tipo social. Y los últimos por una necesidad estética. Veamos.

“Por primera vez en los últimos cuarenta años el tema educativo se ha posicionado de manera muy relevante en la agenda mediática. Si bien no aparece aún en los primeros sitios en las encuestas que registran las preocupaciones ciudadanas, ni toda la crítica a la situación actual es suficientemente coherente y ordenada ni ha sido posible evitar cierto oportunismo, la insatisfacción con la mala calidad de la educación mexicana es prácticamente unánime.

“El próximo gobierno, por ende, no podrá ser insensible ante esa realidad entre otras razones porque no tiene mucho margen para reemplazar el diseño de la política económica o de la estrategia de seguridad, con las cuales seguramente continuará en lo esencial, y deberá, en cambio, ofrecerle algo distinto a un electorado ansioso de ver qué trae consigo una nueva alternancia. Mejorar la educación, empezando por renovar el corroído liderazgo sindical, es, en ese sentido, altamente rentable.

“En segundo lugar el presidente requerirá transmitir la sensación de que es un presidente que toma decisiones complejas, esto es, un presidente con poder.

“Iniciará su mandato rodeado por la delincuencia que manda en porciones del territorio; por gobernadores y legisladores, de su partido y de las oposiciones, que ya no renunciarán dócilmente a los instrumentos y recursos que ahora controlan, o por poderes fácticos mucho más peligrosos que el magisterio. En esa cadena, por diferentes vías y modalidades, el sindicato magisterial es el eslabón más débil.

“La tercera circunstancia es que, como sucedió en el pasado con los derechos humanos y el medio ambiente y como pasa ahora con la seguridad pública, la adopción de “causas”, en este caso la educación, cobrará mucho mayor centralidad en la parte activa de la comunidad y el gobierno se verá orillado a dar una respuesta más radical que la suscripción de un mero papel, llámese alianza, acuerdo o compromiso, con la promesa de mejorar la educación.

“Y la última consideración es que, con sobradas, merecidas, documentadas y justificadas razones, la actual dirigencia magisterial se ha vuelto ya indefendible por completo de suerte que su caída sería no sólo un acto de justicia poética, sino un imperativo estético para cualquier gobierno principiante que quiera despertar esperanza, ampliar su legitimidad política y conquistar apoyos”.

Como es obvio, no he resistido ahora la tentación de reproducir la columna.

Publicado en La Razón

¿No que no se podía?

BLANCA HEREDIA

Un golpe redondo, directo, certero a la mujer más odiada de México (-57% de opinión efectiva según datos de Parametría). Un golpe al hígado a “la maestra” que pone a todos sus secuaces, testaferros y amanuenses a temblar.

Los que tienen pasaporte, seguramente pusieron o están poniendo pies en polvorosa. Los que no saben bien si pueden acabar inculpados, seguramente se juraron no decir ni esta boca es mía el mismo martes en la noche. Un golpe que, encima y al mismo tiempo, muy probablemente anonada y enoja a muchísimos maestros del país. ¿Cómo podría, me pregunto yo, no enojarse un maestro que, bien pagado, gana 10,000.00 pesos al mes al enterarse de que su líder se gastó (con el dinero que la Secretaría de Hacienda le descuenta de su cheque, en automático, cada quincena por concepto de su cuota sindical), más del triple de esa cifra al DÍA en promedio, solamente en compras en la tienda americana de lujo —Neiman Marcus— entre marzo de 2009 y enero de 2012?

En suma: la detención de EEG sobre la base de la presunta comisión de operaciones con recursos de procedencia ilícita fue un tiro de precisión que la distancia, simultáneamente, de sus cómplices y soportes, por un lado, y de, al menos parte, de sus bases, por otro. Ningún otro golpe hubiera logrado dejarla tan sola y tan expuesta. “Detenida por evasión al fisco” o, incluso, “Detenida por presunto asesinato” hubieran sido, en comparación, dardos mucho menos letales.

La precisión del tiro y su muy cuidada ejecución han revelado que, al menos hasta el momento, la autodenominada “guerrera” a la que diversos gobiernos —en particular, los dos últimos encabezados por el PAN— tanto temían y tanto poder le entregaron es y era, en buena medida, una tigresa de papel. Así lo indica la moderación extrema de las declaraciones con respecto a su detención del liderazgo del SNTE y del propio Panal. Así lo sugiere también el hecho de que, contra lo que durante tanto tiempo nos dijeron los responsables de conducir al país, ponerle un alto a EEG no haya significado poner en riesgo la paz social del país.

La detención de la señora Gordillo, evidentemente, no resuelve los problemas de gobernabilidad de México. Tampoco supone, en sí misma, el fin del corporativismo sindical gangsteril y corrupto, ni asegura, en absoluto, el éxito de la reforma educativa en curso. Lo que sí hace, sin embargo, es mostrar que la política puede ser productiva, que el gobierno puede ser eficaz y que la voluntad política es una variable fundamental en la conducción de la cosa pública. Mostrarlo no es cosa menor, particularmente después de tantos años de desprestigio completo de la política y del gobierno, y de una sociedad que a fuerza de mirarse en el espejo de políticos omisos y presuntamente impotentes frente a la impudicia y la impunidad de los grupos de poder concentrado, se había venido haciendo cada vez más cínica y menos capaz de imaginar que era y es capaz de ponerles un hasta aquí.

Publicado en La Razón

viernes, 1 de marzo de 2013


El día después de Elba Esther
JUAN CARLOS YÁÑEZ

Si Elba Esther Gordillo fuera todo el problema de la educación, su detención significaría un gran paso para resolverlo. No, no lo veo tan simple. Era un paso necesario, sí, si se confirman en los tribunales las tropelías en el poderoso sindicato magisterial. Políticamente la jugada puede resultar exitosa, pero que la reforma educativa se inauguré con la detención de la principal opositora, no parece el mejor estreno y acompañará, para bien y para mal, la historia de la reforma.

Es indudable, la señora Gordillo tiene su responsabilidad en los asuntos educativos, pero con ella en la cárcel no desaparecen los malos maestros o los pésimos directores, ni va a solucionarse uno solo de los problemas pedagógicos en los salones de clases de cada escuela pública mexicana.

El problema no es Elba Esther. El problema es una cultura política que alienta la corrupción y la impunidad por doquier, que engendra corrupción en los sindicatos y en los gobiernos: ¿cuántos sindicatos se escapan del desprestigio?, ¿cuántos estarían dispuestos a exhibir sus cuentas y mostrar las entrañas de sus finanzas?, ¿cuántos gobernadores y ex gobernadores hoy están en la mira por sus saqueo a las arcas públicas?, ¿y los presidentes municipales que dejaron en crisis a sus ayuntamientos?

El gobierno federal ha dicho que una cosa es la reforma educativa y otra el proceso penal que se abrirá contra Elba Esther Gordillo. De cada una se puede decir mucho, pero me limitaré a algunas reflexiones sobre lo primero. De lo segundo solo se me ocurre preguntar: ¿por qué no sabían, no sabíamos las cosas que hoy sabemos?, ¿o sí lo sabían?, ¿cuánto más falta por “descubrirse”?, ¿cuánto y por cuánto tiempo se ocultará lo que todavía no conocemos?

Si la reforma educativa es un paso, dicen algunos para ensalzar la trascendencia, entonces: ¿podría empezar a explicarnos la SEP cuáles son los otros, es decir, las otras reformas educativas que SÍ van a resolver los problemas de la educación y no solo de la escuela? ¿Cuáles problemas? El derecho a la educación (o la falta de ese derecho), la relevancia (¿para qué sirve?), el desfinanciamiento crónico y la mala gestión y distribución del dinero, la formación de los nuevos maestros, la mala (y extendida) educación privada ofrecida en establecimientos (no escuelas), la mala enseñanza en muchas de nuestras aulas, entre otros.

Esos problemas debieran ser parte de una auténtica reforma educativa, para eso tendría que servir. Si no es así, no se puede siquiera insinuar que la reforma promete garantizar la calidad de la educación, como afirma la iniciativa presidencial aprobada.

Como creo que queda claro, la cosa no es tan simple. Y responsables en los problemas de la escuela hay muchos. La SEP, con el PRI y con el PAN, tomó decisiones equivocadas, por ejemplo, una reforma a la educación media superior con Fox y otra con Calderón; diseñó los planes sectoriales (el de Calderón, una gran vergüenza). La SEP ignora información estadística elemental, por eso el INEGI tendrá que hacer un censo sobre escuelas, alumnos y maestros. La SEP dirige las escuelas normales, un punto toral en la transformación del sistema escolar completo. Y los presidentes tienen su parte: ¿cuántos secretarios de Educación dignificaron con su obra la oficina de José Vasconcelos? Fue el gobierno federal, también del PRI, el que montó a la señora Gordillo en su cúpula.

¿Y los maestros, en verdad los maestros hacemos nuestra parte cada mañana o cada tarde cuando trabajamos con los estudiantes? Los papás y mamás tenemos nuestra responsabilidad.

La lista podría ser más amplia pero no quiero abusar. Los medios de información también tienen una gran responsabilidad y hay que señalarla; allí han tenido cabida muchas interpretaciones desinformadas e insustanciales. En fin, la reforma ha dejado en claro que abunda lo que José Ortega y Gasset denominó la chabacanería.

Alguna vez dijo Paulo Freire: si se trata de cambiar a unos por otros que son igual de corruptos, mejor me quedo en casa. Ojalá estas escaramuzas no sean solo un acto de prestidigitación para poner a unos por otros, pero iguales ambos. Ojalá.


Ahora sí, por la reforma educativa integral
                       
Juan José Huerta

"El régimen mexicano es un sistema flexible, transaccional, dogmático sólo ante ciertos valores básicos, pero que ha logrado asumir a tiempo los cambios necesarios… la Constitución ha sido reformada cuando así lo han requerido circunstancias específicas o la estabilidad del sistema a largo plazo… la flexibilidad del régimen político así establecido ha permitido su adaptación no siempre exenta de experiencias dolorosas a las condiciones de este siglo, las más cambiantes que la humanidad haya experimentado en toda su historia“. Me parece que los sucesos actuales sobre el sector educativo en México constituyen un clásico o característico ejercicio de las cualidades del régimen político mexicano descritas en el párrafo anterior (una autocita del autor de estas líneas). Una nueva estrategia de educación pública era ya impostergable en nuestro país y, aunque hubo resistencias de diversas fuentes, ha prevalecido, a la par que la firmeza presidencial, la capacidad de transacción política, incluso en un asunto tan delicado como el enjuiciamiento y la final neutralización de Elba Esther Gordillo, la poderosa lideresa del sindicato magisterial. Se abre así la puerta para una reforma educativa de gran calado, integral, que no sólo incluya las modificaciones constitucionales que entraron en vigor esta semana y sus leyes reglamentarias, sino los elementos de lo que en otra ocasión he llamado “un ineludible un esfuerzo masivo en educación; educación a todos los niveles y en todos los lugares; educación que provea el sistema gubernamental pero también, y casi en mayor medida, el sistema privado; educación que sea de las familias, en los centros de trabajo y en la convivencia diaria; educación que sea formal e informal; que esté impregnada en cada acto de gobierno, en cada decisión empresarial, en cada actividad individual. Educación para que nadie nos controle, sino para que nosotros cuidemos de nosotros mismos, por el bien común”. Las reformas o adecuaciones paulatinas en todos los importantes asuntos de la vida de una nación deben ser, por supuesto, un criterio aplicado normalmente para adaptarse a la cambiante realidad. En materia educativa, Justo Sierra y José Vasconcelos son nombres cimeros, y ya en épocas más recientes destaca la importante reforma realizada los primeros años del sexenio de Luis Echeverría, con el secretario de Educación Pública Víctor Bravo Ahuja, cuando se crean también, entre otras instituciones, el Centro para el Estudio de Métodos y Procedimientos Avanzados de la Educación, el Consejo Nacional de Fomento Educativo y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. La actual reforma, con modificaciones a los artículos 3 y 73 constitucionales, busca mejorar la calidad de la educación obligatoria que imparte el Estado “de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”, y tiende a que “el mérito profesional sea la única forma de ingresar, permanecer y ascender como maestro, director o supervisor”, en lo cual toma un papel relevante la creación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa, cuya coordinación estará a cargo del autónomo Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, con lo que se elimina la discrecionalidad, favoritismos y corruptelas asociados a la indebida intervención que en estas materias se permitía al sindicato magisterial. Por supuesto, se hace explícito al mismo tiempo el “pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación”, asegurando su óptima preparación, su activa participación en las mejores orientaciones de la política educativa y su estabilidad económica y laboral. Los maestros en México, a todos los niveles, a la vez que deben estar óptimamente preparados deben estar muy bien pagados. Claro que también es indispensable la plena transparencia en la gestión del sindicato magisterial, que esperemos pronto habrá también de ser una realidad legalmente establecida. En cuestiones de operación e infraestructura, se harán esfuerzos paulatinos para “establecer escuelas de tiempo completo con jornadas de entre seis y ocho horas diarias, para aprovechar mejor el tiempo disponible para el desarrollo académico, deportivo y cultural… en aquellas escuelas que lo necesiten, conforme a los índices de pobreza, marginación y condición alimentaria se impulsarán esquemas eficientes para el suministro de alimentos nutritivos a los alumnos a partir de microempresas locales, y prohibir en todas las escuelas los alimentos que no favorezcan la salud de los educandos”. No hay elementos para dudar de la reafirmación del carácter público, laico y gratuito de la educación impartida por el Estado, aunque sí se impulsa una mayor participación de los padres de familia y las comunidades donde se asientan las escuelas “para mejorar su infraestructura, comprar materiales educativos, resolver problemas de operación básicos y propiciar condiciones de participación para que alumnos, padres de familia y docentes bajo el liderazgo del director se involucren en la resolución de retos que cada escuela enfrenta”. Todo esto es adecuado y pertinente y qué bueno que le reforma educativa va adelante. Claro, que habrá que estar muy pendientes de que no sea flor de un día sino que produzca en un razonablemente breve lapso los resultados deseados. Pero, aun así, una reforma integral a la educación de los mexicanos requiere abordar también otros complejos temas, como un decidido impulso al desarrollo científico y tecnológico, a la formación de investigadores de desempeño óptimo en renovación constante, a su ocupación productiva en proyectos y la resolución de problemas para el bien común, y a propiciar la adopción generalizada entre la población de la perspectiva racional y tecnológica del mundo que nos rodea, para su mejor aprovechamiento y cuidado. Por otro lado, abordar en serio el tema de la educación “informal”, todo el complejo problema de la formación que la gente recibe extraescolarmente, a través de los medios de comunicación, en particular de la televisión y también el cine. No es tan solo cuestión de monopolios, aunque algo ayudará la reforma en telecomunicaciones, cuya iniciativa pronto será presentada por el gobierno federal, para que una mayor competencia entre televisoras mejore la pésima calidad de la programación de la televisión abierta a la que nos tiene acostumbrados el duopolio televisivo, así como reduzca el excesivo uso de la violencia en la programación abierta o por cable (y en el cine también). Pero se requiere algo más, una orientación más exigente de la sociedad mexicana hacia dichos contenidos, que haga hincapié en un mayor humanismo de la programación, en la mayor ponderación de los altos valores humanos, de la convivencia pacífica. Por supuesto, no con un control o censura oficiales o desde arriba, sino guiados por las preferencias de los propios espectadores y la sensibilidad social y humana de los empresarios del sector, que ahora brilla por su ausencia. Gabriel Zaid hizo en estos días una remembranza del educador mexicano Pablo Latapí y de su síntesis propositiva sobre la buena educación que sigue siendo perfectamente aplicable, porque habla de que “educar bien es ante todo formar el carácter: la disposición moral de la persona… la inteligencia debe ser educada por medio del lenguaje…hay que educar los sentimientos, porque también pensamos con el corazón…hay que educar para la libertad y su ejercicio responsable” (Ver completa en artículo “Testamento educativo” de Zaid en Reforma, 25mar12). Habrá que impulsar asimismo el cambio requerido ya en los enfoques educativos, cuando la revolución digital y en la conectividad entre los seres humanos va dando a cada vez mayores segmentos de nuestra sociedad acceso prácticamente inmediato al conocimiento humano acumulado en miles de años, gran parte, por cierto, en idioma inglés o en otras lenguas,…que hay que aprender. Esta nueva realidad da a la gente oportunidades inmensas, nunca antes vistas, de autoeducación y auto capacitación, que implican modificaciones correlativas a las técnicas de enseñanza por parte de los maestros que, más que transmisores directos de los conocimientos, tienen que ser mucho más orientadores de hacia dónde los alumnos deben dirigir sus esfuerzos de auto aprendizaje y de cómo desechar la información basura que también prolifera en la red electrónica. Sí, la reforma educativa integral tiene frente a sí un gran campo de acción. Publicado en Crónica de hoy