martes, 5 de marzo de 2013


El nuevo artículo 3° constitucional
José Ramón Cossío
 
El martes pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto mediante el cual se reformaron y adicionaron los artículos 3° y 73 de la Constitución. Con motivo de los hechos acaecidos ese mismo día, esta reforma ha recibido muy poca atención. Por su importancia jurídica, política y social, es indispensable analizarla y entenderla, no sólo por su valor constitucional, sino porque de ella depende el contenido de las diversas leyes y ordenamientos que habrán de darle sentido y alcance.

El artículo 3° se había reformado en nueve ocasiones antes de la modificación de la semana pasada. Entre aquellas reformas estuvieron las que le dieron a la educación el carácter socialista (1934), revocaron tal calificación y le dieron su sentido democrático-liberal (1946), constitucionalizaron la autonomía universitaria (1980), fortalecieron la educación privada (1992), establecieron la concurrencia educativa en nuestro sistema federal (1993), incrementaron los grados de la educación obligatoria (1993, 2002 y 2012) y ampliaron los valores y objetivos educativos (2011), primordialmente. Como resultado de lo establecido por el Constituyente en Querétaro y de las reformas a que acabo de aludir, el texto constitucional resultante era complejo y cargado de detalles.

De manera general, el mismo contenía hasta la semana pasada: el derecho humano a la educación en favor de todos los individuos; la determinación de los grados escolares a cargo del Estado; la identificación de aquellos que son obligatorios; los objetivos de la educación que se imparta en nuestro país; la división competencial entre la Federación, los estados, el DF y los municipios; la gratuidad de la educación impartida por el Estado; la obligación del Estado de proveer y atender todos los tipos de educación; el reconocimiento y regulación de la educación impartida por los particulares; la garantía de la autonomía universitaria y la facultad del Congreso de la Unión de emitir las leyes que permitan la concurrencia de todos los órdenes de gobierno en la materia.

Si el anterior era —dicho nuevamente de manera muy breve— el contenido del artículo 3° en vigor antes de la reforma, ¿qué permaneció y qué cambió con motivo de esta última? Permaneció el carácter de derecho humano, algunos de los valores y fines de la educación, la facultad de la Federación para establecer la concurrencia en la materia y la autonomía universitaria, primordialmente. Lo que cambió son aspectos de la mayor importancia y me limito a mencionar los más destacados.

El primero es la introducción de una garantía de la calidad educativa de carácter obligatorio que, evidentemente, imparta el Estado. Por obvio que pudiera resultar explicitar que esa educación debe ser de calidad, al introducir esta calificación se imponen cargas materiales nuevas a la autoridad. Es decir, si las personas tienen un derecho a la educación y ésta debe ser de calidad, en lo subsecuente pueden exigir mediante distintas instancias jurídicas, que a ellos o a sus hijos se les debe otorgar educación con calidad. Nuevamente, por obvio que esto pueda parecer, el problema deja de estar sólo en el ámbito de la regulación que quisiera darle el legislador y la administración pública, para pasar a una nueva y calificada modalidad, esto es, a la satisfacción, tal vez y finalmente por vía judicial, de ese tipo de educación.

El segundo cambio consiste en ampliar las facultades de la autoridad para, con vista en el propio objetivo de mejora de la calidad, introducir un mecanismo de evaluación para el ingreso y la permanencia de los docentes. Este incluye la celebración de concursos de oposición y la posibilidad de anular las designaciones o ascensos que se lleguen a hacer en contradicción a esas reglas.

La tercera y más extensa modificación se refiere al llamado “Sistema Nacional de Evaluación Educativa” y a la asignación de su operación al “Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación”. El primero comprende un conjunto de funciones encaminadas a garantizar la prestación de servicios educativos de calidad que, para realizarse, quedan encomendados al Instituto citado. Éste, a su vez y en general, diseñará políticas, expedirá lineamientos y difundirá información para tal fin. En la reforma no se dice qué efectos tendrán los ejercicios de evaluación que lleve a cabo el Instituto. Sin embargo, si en el fondo de este gran cambio está la intención de mejorar la calidad educativa en todos sus aspectos, cabe esperar que se genere algún tipo de mecanismo que vincule sus resoluciones con las acciones que las autoridades administrativas deban dictar.

La cuarta modificación no se hizo al artículo 3° que venimos contando, sino al 73, fracción XXV. Lo que aquí se hizo fue darle competencia al Congreso de la Unión a efecto de establecer el “servicio profesional docente”. No se trata, una vez más, de cualquier tipo de servicio docente, sino de uno que, simultáneamente, sea “profesional” y de calidad. Esto es así, en tanto no resulta factible suponer que aquello que el Congreso deba hacer por determinación constitucional sea, simplemente, ordenar a los docentes del país, sino de manera mucho más relevante, generar un servicio ordenado a la obtención de la calidad necesaria para lograr la mejora sustancial de los estudiantes.

Lo que finalmente parece estar en la reforma es que los estudiantes y, a partir de ahí, los egresados de nuestros centros educativos, son un fin en sí mismo. Por ello, lo que deba hacerse en materia magisterial, docente, de planes y programas de centros escolares, etcétera, deberá estar encaminado a ello. Lo relevante no puede seguir siendo el instrumento educativo, ni los fenómenos que lo rodean. La reforma parece llevar a que el instrumento se transforme para alcanzar el fin central que ha quedado más que destacado en la Constitución: la obligación de todos los niveles del Estado de hacer lo necesario para que quienes accedan a la educación la reciban en condiciones de calidad. Para lograr esta meta es mucho lo que falta por hacer pero dado el modelo reglamentario de nuestra Constitución, el primer paso ya se dio.

La permanencia
Javier Corral

No fue capaz de asumir que había llegado el final de su ciclo. No supo retirarse, porque tampoco lo deseaba. Sus críticos la llamaron “Doña Perpetua” y ella se solazaba en el apodo imaginando su permanencia para siempre. Fueron 23 años en el disfrute de ese poder que la llevó a tantos excesos, lujos y banalidades, haciéndolos cada vez más ostensibles, casi como respuesta proporcional al incremento de su rechazo en la opinión pública. Perdió todo rubor y se sintió intocable.

Es que había logrado un tránsito entre sexenios de manera inaudita, y cruzó sin dificultades la alternancia política en la Presidencia de la República que no sólo no la tocó, sino que la reempoderó; porque en cuanto ella midió a Vicente Fox, supo que estaba ante un hombre alto, pero vacío; al que de inmediato le impuso el secretario de Educación Pública, acostumbrada a negociar con ella misma.

Se engulló al primer presidente de la alternancia con la facilidad de la verdadera escuela que provenía: la de la inteligencia malvada, la del salinismo, que la había sacado de las sombras de Jonguitud para encarnar la traición al líder y garantizar que todo siguiera igual,
en uno de los sometimientos políticos más inexplicables de gremio alguno.

Fue tal su habilidad política que, en el escaso margen con el que se decidió la elección del 2006, ella logró colocar la idea de que su apoyo a Felipe Calderón había sido el decisivo y  no la Ley Televisa. Tenía las estadísticas consigo y bastaba comparar los resultados que sus candidatos al Congreso habían obtenido bajo las siglas del nuevo Panal, con los sufragios que había logrado su candidato presidencial, Roberto Campa Cifrián.

En reciprocidad Calderón le concedió la subsecretaría más importante, la de educación básica; le dejó por un tiempo el ISSSTE y la Lotería Nacional. Ya totalmente transversal a gobiernos y partidos, hizo alianzas con todos y al mismo tiempo pudo competirles.

Pero esa habilidad no fue capaz de descifrar que el juego había terminado y calculó mal. Estaba tan claro y tan cantado el consenso entre los partidos por una reforma educativa  que obligara a una mayor calidad, y fue tan poca la parte que le habían afectado las adiciones constitucionales, que su reacción fue absurda, sin asidero. Hubo de inventar el fantoche de que el principio de gratuidad de la educación corría peligro, y se agarró de la mala redacción de un artículo transitorio que hace referencia a la autonomía de gestión de las escuelas para ondear la bandera de la resistencia que en realidad le provocaba otra palabra en el texto del artículo 3 de la Constitución: permanencia.

Porque asoció el vocablo a su permanencia, no a la de los maestros. No se aguantó. Un día después de promulgado con bombo y platillo el decreto, echadas al vuelo las  campanas para anunciar una reforma que ni siquiera es integral y tiene en la ley secundaria su mayor reto y concreción, decidió volver de San Diego para encabezar el plan que paralizaría al sistema educativo y extendería al país los paros magisteriales que ya empezaban en varias entidades.

Se le olvidó que había regresado a Los Pinos la inspiración salinista que un día la encumbró y el método del manotazo para ganar legitimidad, para conseguir algo de la credibilidad aún no conquistada. En nombre del combate a la corrupción que jamás ha emprendido en cargo público alguno, Peña Nieto —su otrora aliado político— la mandó a Santa Martha Acatitla, acusada de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Así clasificaron los delitos; abierta la rendija para que si se porta bien, puedan negociar.

El impacto político y mediático de la medida resuena en un solo aplauso en el país. Parece no importar que el presidente de la república vuelva a utilizar abierta y  descaradamente al ministerio público para eliminar un obstáculo político, si el que se quita de enmedio es uno de los más desacreditados. La gente quiere que se castigue a los corruptos y está dispuesta a festejar incluso si el Presidente se vuelve autoritario para lograrlo. El festejo trae un riesgo: la regresión a un sistema de control político que se puede enderezar no sólo contra obstáculos corrompidos, sino en contra de adversarios políticos.

Del discurso “anti-corrupción” y “el respeto irrestricto de la ley” pronto sabremos hasta dónde encontrará sustento en los hechos. No sólo porque la lista es larga en el  corporativismo sindical, sino porque el mayor fenómeno corrupto y corruptor se da en varias entidades federativas y a manos de los gobernadores. También espera el caso Monex, esa montaña de dinero sucio con la que Peña Nieto financió su campaña; un extenso y complejo entramado para la triangulación y piramidación de recursos financieros que sirvieron para fondear y dispersar dinero a través de monederos electrónicos.

Es una afortunada coincidencia que las mismas autoridades que con gran rigor siguieron la ruta del dinero en el caso de la profesora Elba Esther Gordillo, tengan a su cargo la investigación de Monex. Me refiero por supuesto a la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP, el Sistema de Administración Tributaria y la Procuraduría General de la República.

* Senador por el PAN

Publicado en El Universal

lunes, 4 de marzo de 2013


Poligrafías
Por Luis Gerardo Martínez García

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Más permisos para escuelas particulares; los problemas de ser vitalicio (a); Américo, Uriel y Dulce María; suspende trámites el Seguro Social de Trabajadores de la Educación; SEP Veracruz; 70 aniversario del SNTE; ¿dónde quedó la Reforma educativa?

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MÁS PERMISOS PARA ESCUELAS PARTICULARES. Cada día que pasa vemos mayor número de escuelas particulares en Veracruz, situación que se está convirtiendo en algo normal. La sociedad se está acostumbrando a ver más escuelas particulares que oficiales. (Y algunas con instalaciones muy superiores en cuanto a aulas, áreas psicopedagógicas,  deportivas y de recreación,  –propias o rentadas-). Pero lo que es peor, es que la sociedad se está acostumbrando a ver con naturalidad que tiene la obligación de pagar la educación de sus hijos, restándole responsabilidad al Estado. Habría que hacernos tres preguntas: 1. ¿con qué finalidad se crean tantas escuelas particulares?, 2. ¿quién otorga los permisos para aperturar escuelas con tanta facilidad?, y 3. ¿quién evalúa a las instancias que otorgan los permisos y quien a las escuelas particulares?

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LOS PROBLEMAS DE SER VITALICIO (A). Las personas que ostentan el poder por muchos años enferman las áreas, dañando sus procesos, aún creyendo lo contrario. Me parece que aquellos que se visualizan como vitalicios (as) enfrentan diez problemas por lo menos:  1. Creer que sin su presencia, la organización o institución no funciona; 2. creer que su palabra es única y verdadera; 3. creer que sus colaboradores –quienes han probado lealtad- son únicos e inamovibles; 4. creer que si no están con ellos, están en su contra; 5. creer que sus decisiones son las correctas siempre; 6. creer que su colaborador más cercano nunca lo traicionará; 7. creer que su poder será eterno; 8. creer que su poder está por encima del gobernante en turno; 9. pasar inadvertido que la historia le cobrará la factura; y 10. creer que puede ser omnipresente y omnipotente. Eso ha tenido a las organizaciones e instituciones en estado anquilosado.

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AMÉRICO, URIEL Y DULCE MARÍA. Los tres candidatos más viables para la presidencia de Xalapa se ven ya muy perfilados: Américo Zúñiga Martínez, Uriel Flores Aguayo y Dulce María Dauzón. Los tres trabajan intensamente para ser postulados por sus partidos políticos o coaliciones. Los tres con sus respectivos capitales políticos tienen respaldos personales fuertes: Américo apoyado por su padre, el profesor Guillermo; Uriel apoyado por las organizaciones en colonias que ha creado por años; Dulce María apoyada por su esposo, el diputado Armando. Los tres presentarán en su momento un proyecto municipal para mejorar el caótico municipio de Xalapa con sus respectivas congregaciones. Y aunque en política todo puede suceder, los tres son seguros postulados a la contienda electoral. La decisión finalmente la tendrá la sociedad xalapeña.

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SUSPENDE TRÁMITES EL SEGURO SOCIAL DE TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN. Fundado en el año de 1944 y promovido por el gobernador de Veracruz, Jorge Cerdán, se creó el Seguro Social de los Trabajadores de la Educación del Estado de Veracruz (SSTEEV). El 9 de septiembre de ese mismo año se promulgó la Ley que le dio sustento a la seguridad social de los maestros. Sus primeros diez años estuvieron dirigidos por el profesor Adolfo Contreras Jácome. Actualmente su director anunció que están suspendidos todos los trámites de la institución. En uno de sus mensajes en la página web se habla de Gobierno electrónico como una alternativa de comunicación e información que se genera en materia de prestaciones sociales; Convocatorias de Licitación, información financiera; directorio de las tiendas de electrodomésticos y Las Farmacias del Magisterio; de representaciones sindicales y funcionarios de la institución, simplificación de  trámites, además de noticias relevantes de interés para los derechohabientes. Aunque al parecer el SSTEEV ha suspendido sus trámites sin explicación alguna.

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SEP VERACRUZ. Todas las delegaciones de las secretarías del gobierno federal que están establecidas en el estado de Veracruz fueron disputadas entre los personajes más destacados de los grupos políticos cercanos al gobierno estatal, después de que el PRI recuperara la Presidencia de la República. La de Desarrollo Social fue una de ellas, la de Comunicaciones y Transportes fue otra; las demás también estuvieron cotizadas. Todas, excepto la Delegación de la Secretaría de Educación Pública. Mucho se dice que porque es una instancia que no cuenta con un presupuesto elevado y otros comentan que porque  se ha restringido su campo de acción, que sólo se limita a ser una oficina para la realización de trámites.
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70 ANIVERSARIO DEL SNTE. Históricamente los sindicatos en México se han caracterizado por tener dirigentes por largos periodos de tiempo. Hasta ahora Elba Esther Gordillo Morales contaba ya con 22 años al frente del SNTE (y estaba reelegida para otros seis). El 28 de diciembre de este año el SNTE cumplirá su 70 aniversario, fecha que se caracterizará por el rompimiento del grupo en el poder con la lideresa (finalmente encarcelada); 70 años que encierran un cúmulo histórico político verdaderamente sorprendente. Recordemos que del 24 al 28 de diciembre de 1943 se llevaron a cabo los trabajos del Congreso de Unificación, llegándose a la constitución del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, con la fusión del STERM, el SUNTE, el SMMTE, la FSAM, el SNATE y otros pequeños agrupamientos. El primer secretario general fue el historiador Luis Chávez Orozco (militante de grupos de izquierda no vinculados con el magisterio). De ahí a la fecha el SNTE tiene una historia sui generis.

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P.D. Si alguien sabe dónde está la Reforma educativa que nos avise. No la encontramos por ningún lado.   sinrecreo@hotmail.com

Reforma educativa: alcances
Arturo Damm Arnal

Ya tenemos reforma educativa (habrá que ver si la misma vendrá acompañada de la reforma de fondo del sindicalismo magisterial, cuyo fin debe ser garantizar el respeto a los derechos –¡que realmente lo sean!– de los maestros, no defender sus intereses, mucho menos cuando esto se han identificado arbitrariamente con derechos), reforma educativa que en términos generales, al tener como meta educación de calidad para todos, apunta en la dirección correcta, pero con relación a la cual hay que preguntarse si realmente ataca los problemas de fondo –qué se enseña y cómo se enseña– que hoy impiden que millones de niños y jóvenes cuenten con una buena educación (afirmación que de entrada demanda definir qué debe entenderse por buena educación, habiendo probablemente tantas respuestas como personas dedicadas a la definición de la misma: buena educación).

Los tres grandes objetivo de la reforma son: 1) aumentar la calidad de la educación básica, 2) incrementar la matrícula y la calidad de la educación media superior y superior, y 3) recuperar la rectoría estatal del sistema educativo nacional, siendo incuestionables los dos primeros objetivos –más y mejor educación–, y debiéndose discutir seriamente el tercero –la rectoría estatal del sistema educativo nacional–, sobre todo en su calidad de medio para lograr el fin: educación de calidad para todos. La rectoría estatal –puntualizando: gubernamental– en materia educativa (y para todo efecto práctico en cualquier otra materia), ¿es lo más eficaz para lograr, no sólo más educación, sino mejor educación? Si hasta ahora no lo ha sido, y por ello la necesidad de la reforma, ¿qué nos garantiza que de hoy en adelante sí lo será?

¿De qué manera pretende el gobierno lograr los tres objetivos, sobre todo los dos primeros –aumentar la calidad de la educación básica e incrementar la matrícula y la calidad de la educación media superior y superior– y ante todo en la dimensión cualitativa: mejor educación?

En primer lugar se crea el Sistema Nacional de Evaluación Educativa (más burocracia, dicho sea de paso), que deberá 1) inventar y efectuar mediciones a los componentes, procesos y resultados del sistema educativo, 2) emitir lineamientos para las autoridades educativas federales y locales, con el fin de que lleven a cabo las evaluaciones correspondientes, y 3) elaborar y divulgar información para la toma de decisiones destinadas a mejorar la calidad de la educación.

En segundo lugar se crea el Servicio Profesional Docente, con el fin de que el ingreso al servicio docente, así como la promoción a funciones directivas o de supervisión en la educación básica y media superior, se realicen mediante concursos de oposición.

En tercer lugar se crea el Sistema de Información y Gestión Educativa, del que se espera un censo de escuelas, maestros y alumnos con el fin de tener toda la información del sistema educativo.

En cuarto lugar se propone el fortalecimiento de la autonomía de gestión de las escuelas ante diferentes órganos de gobierno, con el fin de mejorar su infraestructura, comprar materiales educativos, resolver problemas de operación básicos, y generar condiciones para la participación ordenada de padres de familia, maestros y alumnos en la solución de los problemas.

Por último, se establecerán escuelas de tiempo completo para que la jornada educativa sea de entre seis y ocho horas, y para que las instalaciones se aprovechen al máximo para el desarrollo académico, cultural y deportivo de los alumnos. En las escuelas que así lo requieran se impulsarán esquemas de suministro de alimentos nutritivos por micro empresas locales y se prohibirá la venta de alimentos que no cumplan con el objetivo de fortalecer la salud de los alumnos.

Sintetizando, la reforma educativa supone: 1) saber (dado que no se sabe, muestra de cómo andamos) cuántas escuelas, maestros y alumnos hay en el sistema educativo nacional; 2) que a los puestos magisteriales lleguen (dado que ahora no llegan, otra muestra de cómo andamos), por medio de concursos de oposición (¿queremos profesores competitivos?, ¡que compitan!) los mejores maestros y directivos; 3) evaluar (dado que ahora no se evalúa, otra muestra más de cómo andamos), los resultados del sistema educativo nacional, evaluación sin la cual no hay manera de corregir lo que está mal y de mejorar lo que está bien; 4) aumentar la jornada educativa, no debiendo pasar por alto que más que la cantidad de tiempo que se pase en las aulas lo que importa es la calidad de lo que se enseña en los salones de clases; 5) dotar de autonomía de gestión (¿cuánta?) a las escuelas, con el fin de que resuelvan, de manera eficaz, sin tener que esperar el visto bueno de las autoridades, los problemas que enfrenten.

Si tal es la síntesis de la reforma educativa, ¿cómo calificarla? Retomo lo ya escrito: el fin general –mejor educación para más gente– es indiscutible, debiendo cuestionarse si los medios propuestos son los eficaces para conseguirlo, comenzando por la recuperación de la rectoría estatal del sistema educativo nacional, todo lo cual forma parte de un proyecto de nación, ¿o no?, mismo que muchos, comenzando por los gobernantes, consideran indispensable para que la nación marche, proyecto de nación que supone, ¿o no?, un sistema educativo nacional o, dicho de otra manera, la rectoría estatal de la educación, algo que debe debatirse.

A quienes afirman que lo que necesitamos es un proyecto de nación, incluido en él un sistema educativo nacional (y por nacional hay que entender gubernamental), hay que señalarles que no, que no necesitamos un proyecto de nación, que por su propia naturaleza es totalitario (lo incluye todo) y absolutista (excluye cualquier otra opción), y que lo que necesitamos es una nación en la cual cada quien, sin violar los derechos de los demás, y sin ningún privilegio otorgado por el gobierno, pueda sacar adelante sus proyectos, siendo esto lo que va con el respeto a la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, los tres pilares de la convivencia civilizada. Proyectos de nación los tuvieron Stalin, Hitler, Mussolini y Mao, y los tienen Castro, Chávez y Kim Jong–un, proyectos de nación que resultaron ser los proyectos personales de los dictadores en turno, proyectos ante los cuales debemos preguntarnos por su común denominador, que no es otro más que el binomio ya citado: totalitarismo y absolutismo, absolutismo y totalitarismo que demandan, a manera de condición necesaria, un sistema educativo nacional, de tal manera que, en materia de educación, todos sean cortados, del mismo patrón, y con la misma tijera. Al respecto no hay que perder de vista que el tercer objetivo de la reforma educativa es recuperar la rectoría estatal del sistema educativo nacional, lo cual, si bien no quiere decir que sea el primer paso hacia un sistema totalitario y absolutista, sí es un elemento esencial de ese tipo de sistemas: todos cortados del mismo patrón y con la misma tijera.

Al margen del tema de la rectoría estatal en materia educativa, y aceptando que es indispensable saber cuántas escuelas, maestros y alumnos hay; que es necesario que a los puestos magisteriales lleguen, por medio de concursos de oposición, los mejores maestros y directivos; y que es imprescindible evaluar los resultados en materia educativa; que hay que darle autonomía de gestión a las escuelas, la pregunta es si la reforma supone elegir correctamente, uno, qué se debe enseñar y qué no y, dos, de qué manera debe enseñarse y de qué manera no, siendo estos dos puntos –¿qué enseñar y cómo enseñarlo?– más importantes que todos los anteriores juntos.

Este tema lo dejo para una próxima colaboración.
 arturodamm@prodigy.net.mx
 Twitter: @ArturoDammArnal


La Ley General de Educación: inamovible
MANUEL GIL

Es vieja pero actual y perdurable. La contundencia de la Ley General para la Desigualdad Educativa, que no requirió modificaciones legales ni decretos, contribuye a poner en su lugar lo sucedido con la detención de la profesora Gordillo. Sin duda es importante, pero no sólo lo que genera estruendo en los medios anticipa el futuro de la educación. En silencio, cada día, ocurre algo vergonzoso: hay una relación directa entre la proporción de alumnos becados por el Programa Oportunidades, y las carencias en las escuelas a las que asisten. A los niños y niñas que se encuentran en situación de pobreza aguda, y que por ello reciben un apoyo para estudiar, el país les ofrece los peores espacios para lograr el aprendizaje. ¿Quiere usted localizar una escuela en pésimas condiciones materiales y carente de casi todo lo demás? Siga la siguiente pista: averigüe cuáles son los planteles con mayor porcentaje de alumnos que reciben la ayuda de ese programa social, y ahí encontrará, con poco margen de error, a una escuela desvalida, rota, en quiebra; sin condiciones materiales ni humanas para generar procesos de enseñanza ya no se diga eficaces, sino al menos con aspectos de dignidad elementales. Donde más se requiere un buen espacio para la formación sólida, en algo fundamental como la lectoescritura, la política educativa del Estado ha sido un desastre: más y mejor educación para los que tienen más, y menos, mucho menos, a los que tienen poco y requieren, con urgencia, más.

Expertos y funcionarios en materia de desarrollo social cuentan con datos contundentes de tal manera que la ley referida está vigente. ¿No sirve Oportunidades? Probablemente haya errores o su lógica sea discutible, pero lo que subyace y desnuda los cimientos del fracaso es que la política social en el país, destinada a resolver problemas tan severos como la pobreza, no está coordinada. Oportunidades otorga una cierta cantidad de dinero a los hogares que se ubican en situación de pobreza, a cambio —con la condición— de que los niños sean llevados por sus padres al centro de salud, la escuela y hagan otras actividades cuyo fin es, expresamente, “formar capital humano para romper la reproducción intergeneracional de la pobreza”. Si la nueva generación tiene mejor salud y nutrición, y más escolaridad, la conclusión de los que lo echaron a andar es que obtendrá un empleo bien remunerado que le permitirá dejar atrás la indigencia.

Hay dos supuestos falsos: el primero es que habría empleo suficiente para que las ventajas en alimentación, bienestar físico y asistencia a la escuela pudieran fructificar. El crecimiento del empleo no ocurrió. Por otra parte, se confundió escolarizar con educar: para conservar el subsidio, se envía a los pequeños a las escuelas, pero como en ellas no se aprende dadas sus profundas carencias, aumenta el número de años de asistencia sin lograr el conocimiento sólido de lo básico. Al terminar primaria, en las escuelas urbanas 10% de los alumnos no tienen capacidad de leer y escribir lo necesario; en las rurales urbanas y rurales marginadas, y las indígenas, la proporción supera 40%. Datos del INEE.

Oportunidades logra que vayan a las aulas, pero no está en sus manos que las escuelas sean de calidad: eso le corresponde a la SEP federal y a las de los estados. Como no han hecho su trabajo, la asistencia no se convierte en conocimiento relevante. Enfrentar este entuerto es central en cualquier proyecto de reforma educativa que valga la pena. ¿Habrá voluntad política y capacidad técnica para resolverlo?

Creer que la reforma educativa ya sucedió al cambiar palabras en la Constitución, o iniciar un proceso contra la señora Gordillo, es una ilusión. No son pasos triviales pero, frente a la contundencia de la Ley que produce desigualdad ¡al pretender evitarla! podemos calibrar el tamaño de los obstáculos. Dar la mejor educación a los que de forma apremiante la requieren, y modificar la distribución del ingreso no son espectaculares como fotos en el presidio. Son acciones política y éticamente indispensables. Difíciles, claro, pero sin voluntad y planes bien pensados para desatar ese nudo, la Reforma no pasará del Paseo que lleva un nombre parecido.

* Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.

Publicado en El Universal


El golpe de México contra 'la maestra'
ANDRÉS OPPENHEIMER

Esta puede ser una semana histórica para México. Después de décadas en que varios gobiernos trataron sin éxito de modernizar la educación pública, el Presidente Enrique Peña Nieto ha puesto detrás de las rejas a la todopoderosa lideresa sindical Elba Esther Gordillo, más conocida como “la maestra”, y -más importante aun- firmó una enmienda constitucional que permitirá reformas claves a la educación en el País.

La reforma constitucional para la reforma educativa firmada por Peña Nieto, que había sido aprobada en el Congreso por los tres principales partidos políticos de México a pesar del rechazo de Gordillo y su poderoso Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE), aún debe ser regulada por el Congreso mediante una “ley secundaria” que debe ser aprobada en los próximos seis meses.

Pero a juzgar por lo que vi durante una visita a México esta semana, aunque existe el riesgo de que el Congreso apruebe una “ley secundaria” diluida, el arresto de Gordillo bajo cargos de corrupción -y las acusaciones de que entre otras cosas “la maestra” habría gastado alrededor de 3 millones de dólares en compras en Neiman Marcus, una de las tiendas más caras de Estados Unidos- hará más fácil que el Congreso apruebe una ley efectiva.

La reforma constitucional establece, entre otras cosas, que se deberán hacer evaluaciones obligatorias a todos los maestros, y que las contrataciones y promociones de los docentes deberán estar sujetas a estas evaluaciones. Lo que es más, permite que los maestros mal evaluados puedan ser despedidos, algo a lo que el SNTE se ha opuesto con uñas y dientes.

Hasta ahora, el SNTE, que cuenta con 1.7 millones de afiliados y es el sindicato más grande de Latinoamérica, de hecho decidía quién podía ser contratado como maestro. Gracias al poder político del sindicato -que tiene incluso un partido político, con senadores y diputados- los maestros de México no podían ser despedidos por más que no fueran a dar clases, o no estuvieran capacitados para hacerlo.

Todo esto ha llevado a un deterioro de la calidad educativa, y a una corrupción rampante. En evaluaciones voluntarias de maestros llevadas a cabo en los últimos años, más de la mitad de los docentes reprobaron la prueba. Y la venta de plazas -la práctica por la cual aspirantes no calificados compran puestos de maestros vitalicios por unos 10 mil dólares- es una práctica aún vigente, tal como la propia Gordillo me admitió en una entrevista en 2010.

Como resultado de este perverso sistema educativo, México sale mal parado en los exámenes internacionales PISA para estudiantes de 15 años. En el último test PISA realizado en 2009, México salió en el puesto 51 entre 65 países (aunque, Brasil, Colombia y Argentina ocuparon puestos aún más bajos en la tabla).

Cuando le pregunté al jefe de gabinete del presidente, Aurelio Nuño, en una entrevista en el palacio presidencial pocas horas antes del arresto de Gordillo si no hay un riesgo de que el mandato constitucional sea diluido en el Congreso cuando se dicte la “ley secundaria”, meneó la cabeza como diciendo “de ninguna manera”.

Según Nuño, es en el interés del Gobierno de que la reforma educativa se implemente, porque la aprobación de una reforma educativa efectiva le hará más fácil a Peña Nieto hacer aprobar sus proyectos de reformas de telecomunicaciones, y energética. Cuando se logra una reforma, se hace más fácil aprobar la próxima, me aseguró.

Preguntado sobre el arresto de Gordillo, David Calderón, director de Mexicanos Primero, un grupo cívico no partidario que ha luchado por la educación de calidad, me dijo que podría facilitar la aprobación de una “ley secundaria” efectiva. Las presuntas pruebas de corrupción masiva en el SNTE harán más difícil para muchos congresistas defender al sindicato, argumentó.

Mi opinión: Aunque el arresto de Gordillo generó los titulares más grandes, la prueba de fuego más importante para la futura prosperidad de México será si el Congreso aprueba una “ley secundaria” efectiva para implementar con vigor la reforma educativa. Eso ayudaría a reducir la pobreza, al darle a los pobres una educación de calidad que les permitiría acceder a mejores empleos, y además, ayudaría a México a ser un país más competitivo, y más próspero.

El SNTE tiene razón cuando dice que los maestros mal evaluados deben tener la oportunidad de recibir capacitación, y de dar un segundo -y quizás tercer- examen evaluatorio. Pero si ese proceso toma 10 o 15 años, o se hace infinito, como pretende el sindicato, la reforma constitucional será apenas un texto inspiracional.

La verdadera batalla por la reforma educativa en México recién empieza. Si la “ley secundaria” que debatirá el Congreso en los próximos seis meses refleja la letra y el espíritu de la reforma constitucional, como parece factible ahora, sin duda esta semana puede terminar siendo histórica para México.

Twitter: @oppenheimera

Publicado en Reforma