lunes, 18 de febrero de 2013


Más sobre la evaluación del MEIF
MANUEL MARTÍNEZ MORALES

En atención a los comentarios y críticas que he recibido en relación a mi propuesta sobre la evaluación del Modelo Educativo Integral y Flexible (MEIF), implantado en la Universidad Veracruzana (UV), considero pertinente precisar y ampliar la misma.

Reitero que es imprescindible llevar a cabo, sin dilación, una evaluación técnicamente rigurosa, sistemática y multidimensional del MEIF, puesto que este modelo no es un simple experimento didáctico, sino que su operación es de gran trascendencia pues afecta la formación de vastas generaciones estudiantiles. Así que de su impacto en la formación profesional de estas generaciones, positivo o deficiente, dependerá el futuro de miles de jóvenes. Por ello es tan necesario realizar esta evaluación a profundidad y con prontitud y, a mi juicio, la UV cuenta con todos los elementos necesarios para ello.

Efectivamente, como lo señalé, el estudio elemental que presenté en la entrega anterior está basado en información muy limitada, los datos no constituyen una muestra representativa de toda la universidad, por lo que los resultados no pueden generalizarse. Pero de ese elemental análisis se concluye la factibilidad de determinar -en una primera aproximación- sin mayor complicación el impacto que sobre las trayectorias escolares ha tenido el MEIF, en las diferentes áreas, regiones y carreras de la UV. La pregunta que me hago es: ¿Por qué razón, si la UV dispone de los datos y recursos para llevar a cabo este análisis, no lo ha realizado? Aseguro que, si se tiene la voluntad para ello, en pocas semanas se tendrían resultados.

En lo que se refiere a otras dimensiones a evaluar, tengo conocimiento de que se han llevado a cabo diversos estudios los cuales, en mi opinión, son parciales y no llevan a resultados concluyentes sobre el MEIF.

Por otro lado, los problemas que ha presentado la operación del MEIF y que han sido objeto de atención, debido principalmente a las quejas y protestas estudiantiles, se centran en temas que, en mi perspectiva, pueden estudiarse y determinar si tienen solución o no en el marco del modelo. Por ejemplo, una queja recurrente de los alumnos se refiere a los “horarios quebrados”; es decir que se le hace ir y venir a la Facultad durante el día entero, pues no les es posible “compactar” las horas de su asistencia a clases. Para mí es claro que esta situación afecta el desempeño de los estudiantes, pero más allá de los dimes y diretes, no conozco que se haya realizado un estudio a fondo sobre el problema para determinar si es un general o localizado, ni mucho menos ofrecer soluciones efectivas al mismo.

Mi impresión es que esta circunstancia -los horarios “quebrados”- se deriva de que, previo a la implantación del MEIF, nunca se realizó un estudio de factibilidad de la operación del modelo considerando la situación concreta de la UV.

Me explico con un ejemplo que conozco: Según las virtudes atribuidas al modelo, un estudiante puede escoger materias optativas (creo les llaman “experiencias educativas”), incluso en otra facultad distinta a donde cursa su carrera; por ejemplo, un estudiante de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales (FCAS), ubicada en uno de los extremos del Arco Sur, decide llevar un curso de fotografía en la Facultad de Artes Plásticas, situada en el centro de la ciudad. Obviamente el simple traslado de una instalación a otra le llevaría al menos una hora. Igualmente, piense que a un estudiante de Filosofía que quisiera llevar un curso de Matemáticas se le presenta igual problema.

También es conocido que de acuerdo a la flexibilidad un estudiante podría terminar su carrera en, digamos, seis semestres en lugar de los ocho “tradicionales” si cursa un mayor número de materias por ciclo escolar, pero en la realidad dura y concreta casi nunca encuentra materias que pueda cursar de esta manera, ya que en muchas de las facultades -por las razones que se quieran- a pesar de que formalmente han adoptado el MEIF, en realidad se siguen impartiendo los cursos en semestres rígidos y “tradicionales”, y el sistema de créditos queda sólo en el papel. Lo cual provoca que lo integral y flexible del modelo constituyan una frustración para muchos que desearían concluir su carrera en menos tiempo o cursar materias en otros espacios.

En mi opinión, esto se deriva de que el MEIF se diseñó -para variar- obedeciendo pautas de modelos que aplican otros países en circunstancias distintas, o siguiendo recomendaciones abstractas y generales dictadas por la UNESCO, la OCDE, el Banco Mundial o quién sabe cual otra agencia al servicio de los intereses del capital corporativo.

Antes de implementar el MEIF nunca se realizó un diagnóstico local y puntual, que precisara las limitaciones y deficiencias del modelo tradicional en la realidad local y concreta de la UV. Por ejemplo, no se consideró, ni siquiera en la región Xalapa, la dispersión geográfica en la ciudad de las distintas facultades, lo que en sí mismo ya es un impedimento a la integralidad y flexibidad del modelo.

En universidades extranjeras donde operan este tipo de modelos, las facultades (o departamentos) se encuentran concentradas en un mismo campus, habiendo un intervalo de diez minutos entre clase y clase que permite a un estudiante trasladarse de un departamento a otro en ese lapso, ya sea caminando, en bicicleta o en los autobuses que recorren el espacio. Además de que una misma materia puede ofrecerse a grupos con horarios diferentes, todo lo cual facilita la flexibilidad e integralidad… Otra realidad y, también, disponibilidad de una mayor cantidad de recursos, no sólo económicos sino también organizacionales.

Siendo partidario de la formación integral y flexible (en mis días de estudiante de física, asistí de oyente -por iniciativa propia y de otros compañeros- a varios cursos de citología y fisiología impartidos en la Facultad de Medicina, pues nos interesaba la biofísica y pedíamos a maestros de nuestra facultad que nos impartieran seminarios -sin crédito alguno- sobre temas que nos interesaban) creo que la solución de fondo podría ser la departamentalización de la UV, pero sin seguir moldes ajenos sino ajustados a nuestra realidad.

Independientemente de estas consideraciones, insisto en que una evaluación del MEIF debe partir del impacto que tienen estas dimensiones -junto con otras- en el aprovechamiento escolar bien entendido, que no se reduzca solamente a las calificaciones obtenidas en cada curso y más allá de las pruebas estandarizadas. Creo que la “trayectoria escolar”, definida en el artículo anterior, es la variable apropiada para el caso.

Si el Foro Intrauniversitario al que se piensa convocar supera la discusión puramente subjetiva y basa sus deliberaciones en propuestas bien fundamentadas, basadas en análisis objetivos y concretos, entonces será la oportunidad ideal para proponer una reforma académica de fondo que no se reduzca a decidir entre el modelo “tradicional” y el MEIF. Seguro estoy que hay alternativas que pueden rendir mejores resultados en beneficio de nuestros estudiantes y que del debate, bien fundamentado y democrático, surgirán propuestas innovadoras.