miércoles, 5 de diciembre de 2012



La primera señal
Chuayffet llega a la SEP con encargos políticos: limpiar la casa, asegurar el control burocrático para el gobierno y formular una reforma de la educación que postule, en términos programáticos, las expectativas que Peña Nieto sembró con su discurso en Palacio Nacional.
Carlos Ornelas*

 “Quien pega primero pega dos veces”, dice un refrán popular. En su discurso en Palacio Nacional, el 1 de diciembre, el presidente Peña Nieto dio un golpe que, de ser contundente, implicará cambios en la política educativa. Anunció reformas a la Constitución y a la Ley General de Educación, dijo que con ella se establecerán las bases del Servicio Profesional de Carrera Docente. “Habrá reglas claras y precisas, para que todo aquel que aspira a ingresar, permanecer y ascender como maestro, director o supervisor, lo haga con base en su trabajo y sus méritos, garantizándoles plena estabilidad laboral” (Excélsior, 2 de diciembre). En otras palabras, adiós a la venta y herencia de plazas. Esta vez mediante normas que el SNTE no pueda evadir.

Además, haciendo eco a demandas de organizaciones civiles, instruyó al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, para que solicite al Instituto Nacional de Estadística y Geografía la realización de los censos de los maestros que también deberá contemplarse en las reformas a la LGE.

Octavio Paz y Paulo Freire aconsejaban no hacerse ilusiones, pero tampoco perder la esperanza. Quiero pensar que no son meros planteamientos retóricos, que el Presidente quiere recuperar para el Estado el control de la educación pública. Tanto mensaje de organizaciones civiles, periodistas y académicos sobre el deterioro de la educación básica —me imagino— hicieron comprender a Peña Nieto que, si quiere gobernar en la educación nacional, tiene que cambiar las reglas del juego. Para ello, habrá que utilizar el poder del Estado, modificar la correlación de fuerzas y descolonizar la Subsecretaría de Educación Básica. Aunque ello implique su colonización por nuevos pobladores, éstos emanados de normas no de reglas corporativas.

El mensaje adquiere pujanza porque el Presidente colocó a Emilio Chuayffet al frente de la SEP. Él es un político curtido, fue secretario de Educación Cultura, Recreación y Deporte del Estado de México, gobernador, secretario de Gobernación y diputado. Cuando estaba en esta última posición se enfrentó a Elba Esther Gordillo; él encabezó la rebelión que la destituyó de la coordinación de la bancada de su partido. Poco después el PRI la expulsó.

Pienso que Chuayffet llega a la SEP con encargos políticos: limpiar la casa, asegurar el control burocrático para el gobierno y formular una reforma de la educación que postule, en términos programáticos, las expectativas que Peña Nieto sembró con su discurso: “1) Lograr un México con educación de calidad para todos. 2) Hacer frente a los rezagos educativos, para estar al nivel de las naciones desarrolladas. 3) Formar individuos libres, responsables y comprometidos; ciudadanos de México y del mundo, solidarios con sus comunidades. 4) Permitir que los jóvenes mexicanos, creativos y emprendedores desarrollen sus aptitudes, conocimientos y capacidad innovadora para competir, con éxito, en el mundo moderno”.

La reacción de la camarilla hegemónica del SNTE no se hizo esperar. Fue de enfado. Primero, Lucila Garfias, coordinadora de la bancada del Panal en la Cámara de Diputados, espetó que el secretario de Educación Pública debería ser un maestro. Luego los reclamos de la señora Gordillo porque el lugar que le asignaron en la ceremonia de Palacio Nacional no era el que ella esperaba y, al final, cuando con mohínes se negó a comentar las reformas que advirtió el presidente Peña Nieto.

Parece que el cacicazgo de la señora Gordillo se acerca a su fin. Supongo que esa será la tarea de Chuayffet, finiquitarlo. Mas jubilar a Elba Esther Gordillo no resolverá los problemas de la educación. Pudiera pasar que el gobierno lograra ese fin y colocara a otro cacique. Luego se reproducirían los rasgos que caracterizan a los sindicatos corporativos. El corporativismo es el enemigo de la democracia y de la educación de calidad.

Para llegar al sanctum de la educación, el salón de clases, demanda muchas cosas más. Los primeros 100 días darán pistas de si el nuevo gobierno se prepara para emprender esa hazaña.

Retazos

El gobierno de la República concedió el Premio Nacional de Ciencias y Artes a mi amigo y colega, más amigo que colega, Carlos Muñoz Izquierdo. Su galardón enorgullece a todo el gremio de investigadores de la educación. ¡Enhorabuena! *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana.         Carlos.Ornelas10@gmail.com