miércoles, 13 de marzo de 2013


Piden evaluar para mejorar, no para fiscalizar
LUIS MANUEL MENDOZA

El trabajo docente, de ninguna manera fácil con la diversidad de contextos del país, debe ser evaluado con el objetivo de mejorar su desempeño y de ninguna manera la evaluación debe estar bajo criterios empresariales sino a través del conocimiento de la práctica docente, con el objetivo de que el profesor sea apoyado en sus áreas débiles, aseguraron especialistas en el Seminario Especializado sobre la Reforma Constitucional en Materia Educativa.

Sylvia Schmelkes y Elsi Rockwell, académicas de la Universidad Iberoamericana y el Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV, respectivamente, apoyaron la definición de una evaluación que mejora la práctica docente, más no en una que su objetivo sea premiar o fiscalizar su tarea.

Rockwell insistió en que algunas de las prácticas deseables para el Servicio Profesional Docente es la “evaluación de practicas durante la formación”, la cual aprovecha el criterio de los formadores de docentes y maestros experimentados, y podría realizarse durante los primeros años al frente del aula.

Además propuso la “evaluación colectiva entre pares y directivos”, que ayuda a asumir una responsabilidad colectiva y que favorece las actividades colegiadas de formación desde el aula. Y una última práctica sería la “evaluación de padres de familia y estudiantes”, que ayudará a tomar enserio las opiniones de los padres, especialmente para detectar abusos.

Schmelkes tomó partida por una definición general de cuatro puntos sobre lo que debería ser evaluado del trabajo docente:

1.- Planeación y la preparación de la clase, que incluye el dominio de la materia y donde el docente proporciona las herramientas para que todos los alumnos puedan aprender.

2.- Clima del aula. Este concepto tiene que ver con la construcción de un clima cómodo, respetuoso, seguro, con altas expectativas y que muestre el compromiso del maestros. Éste debería ser evaluado por observación y con entrevistas a maestros y alumnos.

3.- Diseño fino de la instrucción. Evaluar que los alumnos se enganchen en las actividades de aprendizaje, desarrollen una comprensión profunda y compleja.

4.- Responsabilidad profesional. Esa que no termina en las cuatro paredes del aula y que evalúa la relación del profesor con las familias y su comunidad.

Por su parte, Elsie Rockwell hizo un llamado a tomar en cuenta que el trabajo docente no es una tarea fácil. “La consigna formal de asegurar que todos los alumnos del grupo dominen todos los contenidos y competencias evaluables propuestos para el grado en un año escolar, es imposible de cumplir” dijo.

Schmelkes añadió que deberá definirse que todos los parámetros deber estar basados en la diferencia de cada docente, de cada alumno, de cada contexto.

La propuesta final de Sylvia Schmelkes dice que la evaluación del desempeño docente sugerida en 2010 al gobierno federal por ella y el investigador Carlos Mancera, está estructurada en visitas periódicas en el centro de trabajo por una pareja de evaluadores cuidadosamente elegidos; añadió que su propuesta no está lejana de la realidad, ya que se necesitarían 5 mil evaluadores y podrían ser extraídos del grupo de Asesores Técnico-Pedagógicos que ya existen.