martes, 2 de abril de 2013


La clave: educación, educación, educación
José Blanco

Durante la semana anterior a la llamada santa, los movimientos del magisterio venían creciendo aceleradamente. Esta semana, con seguridad, los profesores de educación básica reanudarán las acciones en contra no se sabe claramente de qué. El movimiento no es homogéneo en lo absoluto. Se moviliza la CNTE en contra de una llamada reforma educativa que no ha ocurrido, ni se sabe aún de qué se tratará: la SEP no ha abierto aún sus cartas; lo hace también contra la evaluación de los profesores que se ha propuesto llevar a cabo esta secretaría; pero también se movilizan y preparan demandas contra Elba Esther Gordillo. En el SNTE nadie defiende a esa inmensa calamidad creada por los gobiernos priístas e impulsada hasta la demencia por los gobiernos panistas. Al mismo tiempo, grupos numerosos y aparentemente crecientes del SNTE coinciden con la CNTE en sus reclamos.

Pocas veces ha tenido el gobierno ante sí un reto de tan grandes dimensiones, y nadie, medianamente enterado, puede esperar que durante el presente sexenio pueda hacerse mucho más en materia educativa que poner los carriles por donde habrá de transitar el tren del futuro de este país. Si logra poner esos carriles habrá alcanzado un éxito político y civilizatorio de proporciones gigantescas. Si no logra hacerlo, ensanchará el drama intenso que es hoy la educación, y no llevará al país a ninguna parte. Como pocas veces ocurre, no parece, en lo absoluto, que haya medias tintas aceptables.

Por hoy, el Pacto por México y otras iniciativas del gobierno del presidente Enrique Peña han ido acrecentando expectativas mayores sobre el futuro cercano y de mediano plazo del país. Esto ocurre nacional e internacionalmente. Todo parece indicar que se trata de una visión desmedida de las realidades de México, pero ahí están como percepciones efectivas y de acuerdo con ellas los agentes económicos insertos en los circuitos del comercio de bienes, del sector financiero, del turismo y otros rubros internos, esperan que éste sea un buen año (y los que vienen, también).

Son muchos los millones de mexicanos excluidos de tales expectativas y para empezar a incluirlos seriamente, no hay más medio, en el corto plazo, que el crecimiento económico inteligente, una reforma fiscal que incluya gravámenes suficientes al erario y gastos que de veras mitiguen la polarización social. Un crecimiento que prepare bases sólidas para el crecimiento de largo plazo.

La vía fundamental para alcanzar ambos objetivos (preparar bases sólidas para el crecimiento de largo plazo y llevar a cabo políticas públicas de justicia social) es gastar en educación, y en educación, y en educación. Lo repetiremos una vez más: la planeación de la educación de hoy, es la planeación del futuro de la nación.

La educación no lo es todo, es indispensable una infraestructura digna de tal nombre. Pero la educación es el eje estratégico central del futuro, por ello mismo es el eje estratégico del presente.

Convertir la educación en el eje estratégico efectivo del futuro, demanda la participación decidida de toda la sociedad: eso hoy no ocurre. Peor aún: los profesores de educación básica, en una proporción que hoy es difícil medir, tienen la percepción de que lo que se ha anunciado hasta ahora en materia educativa está en contra de sus intereses inmediatos. Un drama.

Es indispensable realizar una política educativa que dé los frutos de más alto nivel posible en cada momento, y esto sólo es posible con una política-política del más alto nivel posible en cada momento: para poner a los profesores en favor de la reforma educativa, para movilizar a la sociedad en favor de la reforma educativa. Sabemos qué es lo mejor que podemos hacer: repetir los modelos educativos de los países que hoy lo están haciendo mejor en el mundo, adecuándolos a nuestra circunstancia histórica; en otros términos, crear un modelo educativo centrado en el aprendizaje (no en el profesor), un modelo educativo de aprendizaje por competencias ( psychosocial skills y life skills, sobre las que escribí en mi entrega anterior).

Realizar tal tarea comporta acciones de magnitud desmesurada; la primera en orden e importancia: formar a los profesionales que llevarán a cabo la capacitación de los profesores de todo el país. Una capacitación que les muestre cómo se diseña y se gestiona un modelo centrado en el aprendizaje y basado en las referidas competencias. Es claro que esa tarea no es posible sino multiplicando a los multiplicadores de esos profesionales capacitadores. Hablamos de una tarea de larga duración, de una transición planeada a detalle, de una tenacidad y una persistencia insuperables. De paciencia, mucha paciencia de todos los actores, de actuar, evaluar, corregir, innovar en línea continua.

En la educación, más aún, en la alta educación, está el futuro, está el desarrollo, está una vía decisiva de la ineludible necesidad de abatir las brutales desigualdades sociales, que son la materia prima principal del subdesarrollo.

Si ahora se ha de evaluar a los profesores, sólo puede ser para saber cuál es su condición y su formación actuales, para conocer el punto de partida de qué y el cómo han de ser capacitados en modelos educativos que, por ahora, para la mayoría, les son desconocidos.

Por su parte las familias deben ser intensamente informadas acerca de cómo y para qué serán capacitados los profesores, cuáles son los modelos educativos que se pondrán en marcha. Step by step, little by little, cantaba Alan Parsons. Publicado en La Jornada